(léase con todo el cariño que se pueda pues para mi la mujer es el mejor y mayor invento del gran arquitecto y mi deseo para la próxima vida)
Llevo unos meses sufriendo en mis carnes los envites de la comunidad hormonal evolucionando en mi compañera de trabajo. Entiendo que no entiendo sobre reglas (en lo que a sufrimiento se refiere) y que el consabido patadón en los huevos es imposible de comparar dado que no tienen huevos y nosotros no tenemos regla pero lo que tengo claro es que la menopausia es el último ataque que el diablillo cabrón que habita en cada mujer nos tiene preparado.
Para ilustrar el estado de desesperación en que me veo sumido os dibujaré un poco el marco de mi despacho.
Dos mesas enfrentadas con 2 pantallas cada una. Una zona en común (más común para mi que para ella) con dos bandejas de entrada y salida (la salida nunca se pone ahí pero he llegado a la conclusión que si ya voy a vivir poco por ser hombre discutiendo se acortará peligrosamente esa cuota de aliento que me ha preparado el gran creador) en la que ponemos los trabajos que esperan. Una habitación al lado en la que reposan los tóners (curándose con el frio aire de la sierra en forma de habitación con cachivaches electrónicos y sempiterna refrigeración) . Un armario a mis espaldas que contiene variado material y otras dos mesas con sendos ordenadores para tareas de grabación y scaneo.
Dada la “foto” del despacho pasaré a relatar mi calvario.
Recuerdo la época (ya lejana) que mi madre en pleno invierno salía a tender al balcón diciendo: “uff… no teneis calor?!!?” a lo que menda respondía encorvado sobre el plato de sopa caliente y con una mano en la entrepierna: ui si.. buff.. un calor..
Algo así me ocurre ahora. Cual piedra del desierto me enfrento cada día a un enfriamiento-calentamiento casi continuo intentando entender como fuera la gente va tapada hasta la cocotera y sin embargo mi compañera va vestida como si fuera paseando por una playa ibizenca notando la brisa siberiana que surge de la habitación de los cachivaches.
Aún así eso no es lo peor. Lo peor es que el cabrón del diablo inyecta dosis masivas de adrenalina en manos y piernas y mientras servidor edita en un silencio ceremonioso un video la loca shiva mueve sus manos como veloces espadas recogiendo, montando, desmontando, archivando y, lo peor, organizando todo papel, boligrafo, cd, videos y MI MESA.
Os juro que es lo peor. Estas a punto de acertar en el fotograma que hace que el ponente quede como un señor en el corte y una de las espadas veloces te golpea preguntando: ¿esto de aquí ya lo has acabado?.
Me borra datos siguiendo un calendario interno solar o lunar o local (de loca vamos) y evoluciona de un lado a otro del despacho en un errático intento de calmarse.
Obviamente, como en toda montaña rusa, hay periodos de paz… extrema. El silencio se posa sobre ambos y ensaya unos gorgoritos y lo único que veo de ella son los cascos por encima de la pantalla y algun movimiento del cable del ratón.
Menos mal que de vez en cuando nos traen más cajas de tóner. Es el momento en que puede ejercitar sus músculos cargados de adrenalina y golpear con sus codos mi colodrillo mientras coloca cajas justo a la altura de éste y entona un lalala desquiciado.
aarrgggg… angeles de los cielos, arcangelees, querubineeees… dadme dosis masivas de pacienciaaaaaaaaaa.
¿No es acaso suficiente con que sufra los envites del frío?. ¿No es suficiente con ver como enciende el calentador de agua 20 veces seguidas pensando que no lo ha hecho antes?. ¿No es suficiente que mis brazos vayan marcados de moratones?
Pues no…
Y lo que queda aún…

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