… las que saben informática y las que no.
Recuerdo haber leído esta frase en una revista y durante un segundo (el de persona decimal) pensé que estaba equivocada y que el editor recibiría un pequeño tirón de orejas.
Entonces recordé que 2, en binario, se escribe 1 0 y una sonrisa afloró en mi cara. De un plumazo el escritor del artículo había establecido una separación en la humanidad. Los que saben binario y los que no… lo cual vuelve a ser un estado binario…
Vale, vale! No seguiré insistiendo en la broma… ais que buena… esto… sigamos.
La cuestión es que cada mañana cojo el tren y siempre que puedo intento sentarme en los asientos abatibles laterales de la parte central del vagón. Lo hago porque me gusta tener una visión completa de lo que pasa a mi alrededor, porque el sol en verano da a mi espalda y no me deslumbra, porque puedo acomodar todos mis pertrechos más facilmente y porque en los momentos de bostezos matutinos puedo estirar las piernas cuan largo soy (que no es mucho).
Sin embargo una decisión binaria enturbia tan idílico remanso de paz en mi diario recorrido trenil. Es el momento en que llegamos a una parada y alguno de mis partenaires de asiento abatible decide apearse. Aquí surge la dualidad dicotómica binaria (acabo de quedar….”d’albillo”) en la decisión de como levantarse.
- Por un lado están los que se levantan suavemente acompañando la ascensión del asiento hasta su posición de descanso.
- Por otro los que se han levantado diciendo EL MUNDO ES MIOOOO y deciden que levantarse de manera presta y veloz paliará todos los males que puedan acaecerles en ese día.
Es entonces cuando el asiento, libre de su peso opresor, inicia un movimiento de aceleración constante que culmina en un golpe sordo que consigue sacar de su duermevela a algun compañero de viaje y destrozar mis pobres vértebras lumbares.
El momento culminante se consigue en las paradas de mayor afluencia cuando 20 personas de golpe montan una filarmónica de Viena en un concierto mañanero de navidad (pero solo la parte de percusión).
Y es que es genial soltar la frase: “la vida no es blanco o negro… sino un montón de grises…” y quedarse tan campante.
Pues señores mios, un servidor no pienso así. Creo que casi todo en esta vida es cuestión de decisiones binarias:
- Dejar que alguien siga plácidamente su viaje o ser un egoista.
- Llevar paraguas e ir por el lado de la cornisa y quedarte parado cuando alguien va sin nada mojándose y se topa contigo o ir por el lado de la lluvia.
- Caminar fijándose en los demás e intentando que todos quepamos en la calle o andar como si estuvieras en tu salón de casa pasando de todo y de todos.
Creo en la vida binaria y en la gran frase: Ser o no ser… hijoputa.

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